Un pájaro oxidado lleva una gardenia espacial
Leer es un acto íntimo.
Escribir, más.
Siempre he admirado y agradecido la valentía de quienes escriben y publican sus textos. En ellos nos regalan parte de su esencia, vacían su ser y nos muestran aquello que quizá hasta ese momento ellos mismos desconocían. Ven al espejo su alma y traducen su reflejo en palabras.
¡Cuánta sensibilidad y poder hay en las palabras!
Al leer los poemas del joven escritor, Josué Aquino pude vislumbrar algunas de las pasiones profundas que habitan la memoria y el corazón del autor y tuve la oportunidad de reconocerme en ellos.
Aunque sus palabras están impresas en papel, estoy segura que el eco que producirán en cada lector será completamente diferente, hay en ellas tantas posibilidades como tan diversas realidades vive cada uno.
Recibir la oportunidad de leer de manera anticipada estos poemas fue un privilegio y tener el honor de precederlos es para mí una gran responsabilidad. Más que comentar la poesía a continuación presentada, que nos lleva a lo largo de las tres secciones a sentir, soñar, sufrir y anhelar con palabras que muestran su peso tanto en el sentido estricto como en el metafórico, quiero resaltar la importancia de leer a las nuevas voces.
Conocí al autor hace poco más de un año a través de actividades culturales y es evidente para quien conversa con él que ha sido una mente cercana a los libros, a la investigación, a la historia y un alma expuesta a los versos de los más variados escritores, al compartir un poco más con él es obvia su pasión por la aviación, el fútbol y la tierra en la que nació, Xela. Con solo 18 años ha nutrido su ser de tal manera que además de seguir siendo un lector ha incursionado como escritor publicando su primer novela histórica “Nostalgia e ilusiones” y ahora sus poemas en “Un pájaro oxidado lleva una gardenia espacial” que son testimonio de que las nuevas generaciones sí están interesadas en la cultura y la lectura pero requieren espacios para poder dejar crecer sus ideas y expresarse.
Para invitarles a sumergirse en esta lectura, tomo prestadas unas líneas del poema “Nuestra memoria” y juego con ellas: Poesía, luz del planeta con la que se alegra, se solloza, se grita, se odia y se ama, esta es la conclusión del prólogo y el comienzo de su travesía.
Karen Fernández